Mostrando entradas con la etiqueta Fútbol. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fútbol. Mostrar todas las entradas

miércoles, 2 de julio de 2014

Ni cábalas, ni rosarios, ni lágrimas...

                             

Sigo sin entender la estrategia del Piojo -reflejada por los dos cambios no forzados que realizó-. No me cabe en la cabeza que no haya aprendido de lo que ya ha ocurrido en mundiales pasados -a México y a otros países- en donde aguantarle el marcador a una potencia simplemente se convierte en suicidio; ante ello, por descabellado que suene la única opción que tienes es seguir atacando y atacando, con la esperanza de obtener uno o dos goles más que te sirvan “de colchón” para cuando caigan los del contrario. Si el rival ya está de rodillas, no puedes salir corriendo a esconderte esperando que se muera solo, porque como ya hemos visto muchas veces, los rivales grandes de rodillas se pueden levantar, perseguirte y matarte. Ahí están las evidencias, ahí están los videos, ahí están las estadísticas, ahí están los testimonios y, sin embargo, se volvió a caer de la misma manera absurda.

Pero sobre ese tema ya se ha dicho mucho y no es mi objeto redundar tanto en él, ahora me interesaría abordar la otra cara de la moneda, la del aficionado. ¿Cuántas cábalas, rosarios, “mandas”, rezos y demás has dedicado a la Selección en los mundiales? ¿Cuántas lágrimas derramadas cada cuatro años? Si eres de mi generación, habrás sufrido como yo las 7 eliminaciones que van desde el Mundial de 1986 hasta hoy, y casi estoy seguro que en todas, hiciste algo que pensaste que podría ayudar a la selección. Cábalas como ver los juegos en el mismo lugar, no afeitarte o vestirte siempre de la misma manera; “mandas” como dejar de hacer algo que te gusta o de ir a visitar de rodillas a alguna virgen milagrosa, por ejemplo, son el “pan de cada mundial” entre los aficionados mexicanos.

Sin embargo, después de 7 mundiales, no crees que también sea momento de que madures como aficionado, de que aprendas de la experiencia y entiendas que tus rezos, tus cábalas y tus promesas a “diosito” no le sirven de nada a la selección. No crees que así como les exigimos a los jugadores, mundial tras mundial, que aprendan de los errores del pasado y ofrezcan mayor madurez como seleccionados, también nosotros como aficionados deberíamos de madurar y entender que lo que hacemos cada 4 años en casa no ayuda a la selección. La evidencia de que todo eso no sirve de nada está ahí, decenas de millones de cábalas y rezos cada cuatro años y no pasamos de donde mismo.

¿Queremos tener un equipo más competitivo? Es una labor de cuatro años y consiste en que hagamos crecer, como aficionados, el fútbol mexicano desde las raíces. Si nunca vamos a un estadio de fútbol en cuatro años, si nunca nos involucramos con el manejo de nuestro equipo, si no apoyamos a equipos comunitarios o amateurs, si no apoyamos a los equipos que debutan jugadores o exigimos a nuestro equipo que haga lo mismo, si no les exigimos a los jugadores de nuestra liga que salgan a jugar y a romperse la madre en las mejores ligas de Europa, entonces ¿cómo esperamos que crezca el fútbol de nuestro país? Ni rezando, ni poniendo santos de cabeza, ni poniéndonos “la verde” cada cuatro años, vamos a lograr que de entre nuestros connacionales salgan los jugadores suficientes para formar un equipo campeón del Mundo. El problema de que tratemos muy bien a nuestros jugadores y no les exijamos que emigren tiene implicaciones psicológicas fuertes, porque no se acostumbran a rozarse con las grandes estrellas mediáticas del juego, y cuando juegan contra una de las llamadas potencias, no saben si marcar fuerte a sus jugadores o tomarse una selfie con ellos y pedirles su autógrafo.


Otro defecto grande que considero tenemos como aficionados es nuestro malinchismo. No me imagino países que sean potencias o con la aspiración de llegar a serlo, en los cuáles la gente prefiera comprarse la camisa de la selección de otro país que la del propio. No me imagino a un argentino diciendo en mayo: "yo creo que este Mundial mejor voy a apoyar a Francia (o el país que usted guste) porque andan mejor que los nuestros". Es más, ni siquiera me imagino a un costarricense haciendo lo mismo en un Mundial en el que participe su selección, lo cual no es tan seguido. A lo mejor ya eliminado su equipo nacional pueda voltear a ver qué equipos quedan para buscar refugiarse en uno, pero antes de eso, simplemente no me lo imagino. En cambio aquí, es de lo más común del Mundo, casi todos tenemos un "segundo equipo internacional" bien identificado y aunque México esté en la misma justa, parecemos preocuparnos más por los representantes de otra nación que por los nuestros. 

Debemos apoyar el fútbol mexicano semana tras semana, debemos de apoyar a los jóvenes pero también exigirles madurez y compromiso, debemos de dejar de consentir tanto a nuestros jugadores para que salgan de su “zona de confort”, debemos presionar a los directivos de los equipos para que los dejen salir. Estoy convencido de que como aficionados, somos responsables del nivel de nuestro fútbol y de nuestros futbolistas. Nosotros somos los que vamos a los estadios, nosotros somos los que les damos el rating a los partidos, nosotros somos los que compramos las playeras, y de nosotros depende que se formen mejores futbolistas. Pero ¿qué hemos hecho para que las cosas cambien? Sabemos de la existencia del “pacto de caballeros”, sabemos que los promotores arman equipos y hasta a la selección con sus conocidos, sabemos que las jóvenes promesas apenas debutan y se convierten en “rockstars” en todos los restaurantes y antros donde se paran. ¿Y qué hacemos al respecto?

Quiero aclarar, porque muchas veces he escuchado que en México los jóvenes no tienen oportunidades porque hay muchos extranjeros y quiero señalar que no estoy en contra de los extranjeros que vienen a jugar a nuestra liga, y que muy al contrario, me parece que pueden aportar mucho a nuestro fútbol y la prueba está en que las mejores ligas del Mundo están plagadas de extranjeros y sus selecciones suelen ser bastante competitivas a pesar de ello. Alemania, España, Italia, Inglaterra, Francia… Grandes ligas plagadas de cientos de extranjeros y cuyas selecciones, todas, han sido campeonas del Mundo, por lo que no creo que una liga nacionalista nos vaya a volver campeones de ningún lado, ni de la CONCACAF.

No me queda duda que en México hay suficiente amor al fútbol y material humano para formar cada vez más y mejores cuadros, para empezar a competir en el mercado de exportaciones, para tener jugadores en los mejores clubes del Mundo, pero para ello, debemos poner también nuestro “granito de arena” como aficionados, y les aseguro que “ese granito” no consiste en prender una veladora o en sacar el rosario y ponerse a rezar cada cuatro años. Si queremos ver Campeón del Mundo a México antes de morir, o dejar las bases para que suceda, lo primero que debemos preguntarnos es: ¿Qué voy a hacer hoy por nuestro fútbol?

viernes, 11 de junio de 2010

México en el Mundial Sudáfrica 2010

A una hora de arrancar el Mundial de fútbol Sudáfrica 2010, no puedo dejar de pensar en el futuro de mi equipo: la selección mexicana. Es un hecho que en México hemos ido cambiando poco a poco, sin embargo, creo que todavía estamos lejos de la cultura responsable y competitiva que nos pueda colocar como campeones del Mundo.

Un claro ejemplo de esta carencia fue en el último partido amistoso de preparación contra Italia, en que miles de mexicanos estuvieron presentes en Bélgica para dicho encuentro… únicamente para chiflar a la hora que se tocó el himno nacional italiano. Este tipo de detalles, seguramente le parecen chistosos e intrascendentes a muchos connacionales, lo cual únicamente muestra la gravedad del problema.

Se habla de que México no tiene un gran equipo porque no se fomentan las ligas entre los niños, porque las escuelas públicas no tienen infraestructura para practicar el deporte, porque los clubs no invierten lo suficiente en fuerzas básicas -que consideran una apuesta arriesgada-, porque nuestra alimentación es deficiente, etc. En el fondo, todo es cuestión cultural y cambiando nuestra típica visión mexicana “cortoplacista”, en todo lo que hagamos, por añadidura se cambiará el problema de nuestro fútbol. En otras palabras, la selección mexicana no es una isla ajena al entorno cultural mexicano, sino, al igual que el gobierno, es producto, precisamente, de ese entorno cultural.

En México, es costumbre nacional buscar los atajos para hacer las cosas con la menor cantidad de esfuerzo posible, no importando si eso reduce notablemente la calidad del producto. Todavía se tira basura por las ventanas de los automóviles o por la calle cuando se camina, se consume muchísima piratería, se recurre a engaños constantes para hacerse de recursos, se le roba al primero que se descuida y quien encuentra algo que no es suyo, difícilmente se preocupa por devolverlo o encontrar a su dueño. En fin, las cosas que ya todos sabemos.

La experiencia que me ha dejado la paternidad es que los niños son unas esponjas increíbles. Yo, antes de la paternidad, pensaba que el ejemplo era importante así como también era importante lo que les dices a tus hijos que deben hacer, en una proporción de 70%-30%. Que equivocado estaba, la proporción real ronda, mínimo, los 95%-5%. Lo peor de todo es que a pesar de ello, muchas veces cometemos el error de ordenarle a nuestros hijos que no hagan algo que nos ven hacer recurrentemente. Con ello, les causamos un doble daño, primero, educándolos con el mal ejemplo, y luego, a ser incongruentes y cínicos.

Con esto no me queda duda que el cambio es cultural, y difícilmente se podrá realizar de la noche a la mañana, sino que se requiere una nueva generación que reciba el ejemplo adecuado. Evidentemente esto tampoco es factible que suceda de una generación a otra, sino que deben transcurrir dos o tres generaciones comprometidas con una nueva cultura de madurez y respeto a uno mismo y a los prójimos. Una cultura que reconozca el valor de actuar con legitimidad, honestidad y responsabilidad.

Hasta que eso no pase, no creo que podamos ser campeones del Mundo. El simple hecho que la meta que se haya fijado sea llegar a un “quinto partido” (y que muchos lo dudemos) habla de nuestra mediocridad, por un lado, aunque buscándole un lado positivo, no deja de ser alentador el reconocimiento de las propias limitaciones, lo cual es un asomo de madurez.

No dejo de reconocer que México fue un país sumamente mediocre en su desempeño en las primeras copas del Mundo en que participó, de hecho, hasta 1970 calificó a la segunda ronda, y la buena noticia es que si hacemos un recuento de las actuaciones de 1970 a 2006, se ha mejorado en los números notablemente, y también veo en esta Selección más talento que en la del Mundial pasado.

Con esta selección, y mucha fortuna, podríamos llegar lejos, pero las probabilidades de ganar el Mundial aún las veo muy, pero muy, lejanas. Y es que no basta que se rompan la madre en la cancha, que demuestren inteligencia para jugar y le pongan todos los huevos que haya dentro de ellos, si dos meses antes del Mundial su vida era un desorden. Un jugador con clase mundial, debe ser un excelente jugador, por lo menos, unos 8 años antes de jugar un partido mundialista (lo ideal es toda la vida), si no, en la hora de la verdad "el cobre" saldrá a flote. Esa es la realidad. Ojalá lleguemos lejos, pero también espero que este tipo de eventos que tanto unen al país, nos sirvan para reflexionar profundamente y verdaderamente cambiar nuestra forma de encarar la vida y los retos (el más importante de ellos ser buen ejemplo para las nuevas generaciones), y no se nos olvide todo el día siguiente de la eliminación para empezar de “ceros” otra vez dentro de cuatro años.

Saludos!